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Asociación de Amigos del Camino de Santiago JACA
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Iglesias  Santa María de Iguacel

Descripción
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NOMBRE: ERMITA DE SANTA MARÍA DE IGUÁCEL (Declarada Bien de Interés Cultural el 13 de junio de 1990).
COMUNIDAD AUTÓNOMA: ARAGÓN
PROVINCIA: HUESCA
COMARCA: JACETANIA
ZONA: VALLE DE GARCIPOLLERA
TÉRMINO MUNICIPAL: JACA
LOCALIDAD O PEDANÍA: LARROSA
COORD. UTM: 30T 707330 4724937 1180m
FORMA DE ACCESO: En el valle de Garcipollera. Pista forestal que parte desde Castiello de Jaca.

ESTILO: ROMÁNICO
DATACIÓN: SIGLO XI (1040-1050), renovada profundamente en 1072.


HISTORIA DEL EDIFICIO:
La ermita de Santa María de Iguácel es uno de los edificios románicos más importantes y mejor conservados del románico en el Alto Aragón. Declarada Bien de Interés cultural en 1990, su ubicación en un espacio natural privilegiado al fondo del Valle de Garcipollera, proporcionará al peregrino un remanso de paz en su largo viaje.

Sus orígenes se remontan a la primera mitad del siglo XI, 1040-0150, mandada construir por el conde Galindo. En esta fase se levantará el templo y se establecerá la planta: nave rectangular muy alta y espaciosa cubierta por techumbre de madera; cabecera compuesta por ábside semicircular con bóveda de horno, y corto presbiterio abovedado con cañón. Del exterior de esta primera construcción, la parte del conjunto que más llama la atención es el muro sur, pues, aunque enriquecido con capiteles y columnas en la reforma de 1072, conserva desde sus orígenes una moldura rectangular que, a la manera de alfiz, une las ventanas a la altura de la línea de impostas y las encierra. En el lado occidental, debió existir una portada mucho más sencilla de la que hoy podemos contemplar.

Años más tarde, en 1072, el conde Sancho Galíndez y su esposa, Doña Urraca, emprenderán la gran reforma del templo, con el fin de adecuar su decoración escultórica a los nuevos modelos decorativos propuestos en la Catedral de Jaca.

Las intervenciones de esta segunda fase se centraron en:
- construcción de la portada occidental (la de la inscripción) tal y como la vemos hoy en día;
- Ornamentación de los arcos, columnas, capiteles, jambas y portadas con motivos decorativos de tradición jaquesa: ajedrezado, bezantes, capiteles figurados y modillones de rollos de tradición hispanomusulmana
- renovación del ábside: se trazaron los cinco arcos ciegos de medio punto del interior, apoyados sobre columnas con capiteles figurados, para lo cual se rompió una moldura preexistente que recorría el muro. El exterior del ábside también resultó parcialmente modificado, rompiéndose las jambas rectas y las molduras de la fase previa, para introducir en su lugar capiteles labrados. Se aumentó la altura del ábside, pasando a cubrir con un tejaroz que apoya en una moldura ajedrezada sobre canecillos, con temas semejantes a los de la Catedral de Jaca.
- Ornamentación de los vanos del muro sur: se rompieron las jambas de las ventanas colocándose en su lugar columnas con capiteles decorados, y con ábaco ornamentado con palmetas y motivos vegetales dentro de círculos entrelazados.
- recrecimiento de los muros de la nave

La planta sería la misma que la de la primera fase del templo, aunque para algunos autores se levantaría ahora la torre. Para otros, la torre existía ya desde la primitiva construcción y ahora sólo fue recrecida.

Será también en 1080, cuando el matrimonio regale estos territorios al cenobio de San Juan de la Peña, cuyos monjes convirtieron la ermita en priorato dependiente de esta abadía benedictina. Años más tarde, el edificio fue empleado para albergar monjas bernardas, que en 1213, abandonaron el lugar.

La última gran reforma de la que fue objeto el templo, tuvo lugar en 1850, y afectó a los paramentos interiores. Fue en este momento cuando se dotó al conjunto de una falsa bóveda de cañón hecha de cañizos enyesados, y se enlucieron los muros y el ábside con pinturas decimonónicas de escaso valor artístico, que se eliminaron en la restauración de 1976, despojando con ello a los muros románicos de los aditamentos posteriores y sacando a la luz los frescos góticos, de finales del siglo XV que podemos contemplar hoy en día.

La iglesia consta de nave única rectangular que se prolonga hacia la cabecera en un corto presbiterio, y un ábside semicircular, canónicamente orientado al este. Los tres espacios cubren con: techumbre de madera a doble vertiente, bóveda de cañón y cuarto de esfera, respectivamente.

El altísimo ábside, está articulado interiormente en tres pisos, por medio de sendas impostas corridas. Los tres registros del ábside están ornados con pinturas góticas de finales del siglo XV. Este conjunto pictórico está considerado por la especialista M ª del Carmen Lacarra como el ejemplo más destacado de pintura mural gótica de esta zona del Alto Aragón. Las pinturas se articulan en tres registros horizontales en los que las escenas se superponen y enlazan imitando la mazonería de los retablos. El registro inferior se compone de 12 figuras de santos con sus nombres, en actitud procesional hacia el centro del ábside. Entre los más fácilmente reconocibles estarían S. Pedro (en el lado del evangelio), S. Pablo (en el lado opuesto), Santa Apolinia (abogada contra los dolores de muelas), Santo Domingo de Guzmán (con el cuchillo clavado en la cabeza) y Santiago, ataviado como peregrino con las conchas y la calabaza, cuya representación serviría para lanzar un mensaje de esperanza y gratitud al peregrino que había desviado algo sus pasos a lo largo del Camino para acercarse al entonces cenobio de Santa María de Iguácel. El registro intermedio consta de cinco escenas separadas por arquerías, de entre las que destaca la imagen central en la que se efigia a la Virgen con el Niño. Rematando el conjunto, el calvario.

En el lado del evangelio de la nave (lado norte), se abre la puerta de acceso a la torre. En la parte superior de este mismo paramento, a gran altura respecto al suelo, se conservan tres pequeños vanos que comunican el interior de la torre y la iglesia. La torre tiene planta cuadrada y posee dos pisos cubiertos por cañón. Un banco corrido de piedra recorre el perímetro interior de la nave.

La ermita está construida en sillarejo en hiladas regulares de pequeño y mediano tamaño unidas por mortero. La sillería se hace más regular en la portada occidental y en el ábside, por tratarse de los dos espacios más importantes del templo. En los arcos se ha recurrido a la piedra toba, que resulta un material de gran ligereza y facilidad de trabajo. 

Al exterior del muro sur se aprecian tres vanos: dos ventanas en la parte superior con arcos de medio punto doblados, y una puerta, también de medio punto, que da paso al interior casi a la altura del ábside. A su lado, se observan restos de otra puerta, más centrada en el muro, que se tapió en la restauración de 1976. Las dos ventanas apoyan en jambas rectas con columnas superpuestas y capiteles figurados realizados en la intervención de 1072. La nota más característica del exterior de esta parte del templo es la moldura que, a la manera de alfiz, une las dos ventanas y las encierra formando un rectángulo, con los ángulos superiores escalonados.

El ábside, presenta al exterior dos pilastras extremas y dos en el centro, que dividen el espacio en tres calles, cuyo fin sería el de servir de apoyo a la bóveda de cuarto de esfera del interior, y articular los paramentos. En cada uno de los tres espacios, se abre un ventanal de amplio derrame al interior, con arcos doblados de medio punto, que apean en columnas con capiteles labrados. Las tres ventanas están unidas por una moldura bajo los salmeres, que queda interrumpida en las pilastras.

El muro norte carece de elementos decorativos y vanos. A este lado se adosa la maciza torre campanario.

La portada principal se sitúa a los pies del templo: Resalta en un cuerpo prismático avanzado, prolongado en el piso superior por dos bandas que, como contrafuertes, enmarcan una ventana con arco de medio punto, que apoya en dos columnas con capiteles tallados. Bajo un tejaroz de canecillos figurados, abre la puerta principal, formada por cinco arcos de medio punto en degradación que apoyan en capiteles tallados. La arquivolta exterior presenta el típico ajedrezado de estilo jaqués.

La importantísima inscripción de la ermita se sitúa bajo el tejaroz de esta portada y está distribuida en dos líneas.  El texto, según D. Antonio Durán Gudiol, reza:
Esta es la puerta del señor por donde entran los fieles en la casa del señor, que es la iglesia fundada en honor de Santa María. En ella se han hecho obras por mandato de Sancho conde junto a su esposa de nombre Urraca. Ha sido terminada en la era de 1110 (año de 1072), reinando el rey Sancho Ramírez en Aragón, el cual ofreció por su alma en honor de Santa María la villa llamada Larrosa para que le dé el Señor la vida eterna, amén. El lapidario de estas letras se llama Aznar. El maestro de estas pinturas se llama Galindo Garcés.

Esta alusión a una fecha concreta de construcción, a los condes fundadores y al rey titular de Aragón, Sancho Ramírez, hacen de Santa María de Iguácel uno de los escasos edificios fechados y firmados del románico en España.

De gran interés son la talla en madera policromada de la virgen del siglo XII, la verja románica del mismo siglo, así como un frontal de altar del siglo XIII, de transición románico-gótico, que, procedentes de la magnífica ermita de Santa María de Iguácel, se custodian hoy en el Museo Diocesano de la Catedral de Jaca.

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