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Asociación de Amigos del Camino de Santiago JACA
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Iglesias  Ig. Sta. Mª- Sta. Cruz de la Serós

Descripción
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NOMBRE: IGLESIA DE SANTA MARÍA
COMUNIDAD AUTÓNOMA: ARAGÓN
PROVINCIA: HUESCA
COMARCA: JACETANIA
ZONA: CANAL DE BERDÚN
TÉRMINO MUNICIPAL: SANTA CRUZ DE LA SERÓS
LOCALIDAD O PEDANÍA: SANTA CRUZ DE LA SERÓS
COORD. UTM: 30T 691176 4710673 781m
FORMA DE ACCESO: Debemos tomar la carretera de Jaca a Pamplona, N-240, hasta llegar a la venta de Esculabolsas, donde encontraremos el desvío que nos conducirá hacia Santa Cruz de la Serós.

NIVEL DE PROTECCIÓN: DECLARADA MONUMENTO EL 13 DE NOVIEMBRE DE 1931 Y BIEN DE INTERÉS CULTURAL (B.I.C.) EL 25 DE MAYO DE 2005.

ESTILO: ROMÁNICO
DATACIÓN: SIGLO XI, SEGUNDA MITAD

HISTORIA DEL EDIFICIO

Del antiguo monasterio benedictino femenino de Santa Cruz de la Serós, sólo conservamos hoy en día su magnífica iglesia románica levantada bajo la advocación de Santa María en la segunda mitad del siglo XI.

De acuerdo con las investigaciones de autores como Ana Isabel Lapeña y Fernando Galtier, la construcción del cenobio femenino no se debió producir hasta, al menos, 1025, cuando el rey Sancho III el Mayor decidió implantar la regla de San Benito y volver a fundar el Monasterio de San Juan, que desde ese momento pasó a denominarse de San Juan de la Peña. Será entonces, cuando el antiguo cenobio pinatense, pase a convertirse en monasterio masculino, debiendo ser traslada la rama femenina al monasterio de Santa Cruz, no existiendo nunca relación de subordinación del monasterio femenino al masculino de San Juan.

La fecha más temprana que puede darse para el monasterio de Santa Cruz apoyada en la documentación es, según estudios de Ana Isabel Lapeña, la de 1059, pero sin duda, su época de máximo esplendor llegaría de la mano de la Condesa Doña Sancha, hija de Ramiro I, que tras enviudar del conde Ermengol III de Urgel en 1065, pasó a recluirse en el cenobio, junto a sus hermanas Teresa y Urraca, llegando a ser abadesa. Será en esta segunda mitad del siglo XI, cuando se levante el templo actual gracias a las donaciones realizadas por el propio rey Ramiro I y por sus tres hijas.

Desde entonces, el monasterio fue habitado por monjas benedictinas hasta 1 de julio de 1555, fecha en la que la comunidad abandonó el cenobio por mandato de Felipe II, pasando a recluirse en la ciudad de Jaca. En 1622, se decidió trasladar el magnífico sarcófago de Doña Sancha a la iglesia del Salvador de Jaca (monasterio de las benedictinas).

Desde el abandono del monasterio por la comunidad benedictina en el siglo XVI, los diversos edificios del complejo monástico (refectorio, claustro, dormitorios...) fueron saqueados por los habitantes del pueblo, y poco a poco sus sillares fueron empleados para la construcción de algunas casas. El saqueo de las construcciones fue temprano pues en 1610, el viajero portugués Juan Bautista Labaña, ya menciona que algunas de las tumbas habían sido removidas. Así, el complejo monástico quedó asolado, conservándose únicamente la magnífica iglesia de Santa María.

En 1992 el Gobierno de Aragón bajo proyecto redactado por el arquitecto J. M. Pérez Latorre, acometió las obras de restauración del conjunto y ya en 2005, la magnífica iglesia románica de Santa María fue declarada Bien de Interés Cultural (B.I.C.). 

Consta de nave única rectangular que se prolonga hacia la cabecera en un presbiterio rectangular y ábside semicircular orientado al noreste. La cubrición de la nave se realiza con bóveda de medio cañón reforzada con dos arcos fajones doblados, que apean en columnas adosadas a pilastras, con capiteles labrados. El arranque de esta bóveda viene marcado por una imposta de ajedrezado jaqués que recorre todo el perímetro del templo, incluida la cabecera. El presbiterio cubre con cañón y el ábside con bóveda de horno. Tres ventanas iluminan la cabecera. Las laterales sin decoración, y la central con capiteles tallados y trasdosada con una moldura de taqueado. Presidiendo el altar, un Santo Cristo.

A ambos lados del primer tramo de la nave, abren sendas capillas de planta cuadrada y acceso a través de arco de medio punto trasdosado con taqueado jaqués, que simulan los brazos de un crucero. En el muro este de dichas capillas, se abren al interior sendos abisidiolos, cubiertos por cuarto de esfera, que al exterior se convierten en gruesos prismas rectangulares, que, a la manera de contrafuertes, flanquean el ábside central. La cubrición de estas capillas se realiza mediante bóvedas nervadas, cuyos gruesos nervios o baquetones se cruzan en el centro.

La capilla del lado de la epístola está presidida por el retablo barroco de San Félix y san Voto. En el absidiolo el retablo de San Jerónimo y bajo él, dos bellos capiteles románicos, quizás procedentes del primitivo claustro. La capilla del lado del evangelio, por su parte, alberga el retablo gótico de la virgen y el  bello tríptico del Santo Entierro de Cristo, de comienzos del siglo XVI, y procedente de la ermita de San Salvador de la localidad.

Uno de los grandes "misterios" de la Iglesia de Santa María es su cámara octogonal levantada justo encima de la bóveda del crucero. Parece probable que en origen se accediera a la cámara a través de una escalera de mano, que podía quitarse dependiendo de las necesidades, por lo que el habitáculo quedaba totalmente oculto desde el interior del templo. Por ello, respecto a su finalidad, se ha propuesto que sirviera como cámara para guardar el tesoro litúrgico del templo, o incluso como refugio de la comunidad benedictina, en tiempos difíciles. Se trata de una habitación de planta cuadrada al exterior y remate octogonal, mientras que en su interior los ángulos han sido sustituidos por exedras, conectadas entre sí por paramentos rectos. Cubre con cúpula con nervios que confluyen en el centro, y apean en columnas con capiteles labrados.  Tres de los cuatro capiteles de las columnas son figurados, y el cuarto con decoración vegetal. El más interesante se sitúa en la pared oriental, y representa el tema de la Anunciación, pero en el que como novedad iconográfica, aparece representado San José con la vara florida. El autor de este capitel es el conocido como Maestro del sarcófago de Doña Sancha, que trabajó también en la catedral de Jaca en el capitel de San Sixto.

Exteriormente, llama la atención la verticalidad del conjunto, con varios volúmenes escalonados en altura.

El ábside está dividido verticalmente en tres lienzos a través de dos esbeltas columnas con capiteles labrados, que soportan directamente el alero, cuyos modillones están decorados. En cada uno de los tres paramentos del ábside una ventana, todas de doble derrame, que proporcionan luz al altar. Flanquean el ábside, dos prismas rectangulares, a modo de contrafuertes (son los absidiolos de las capillas laterales).

Destaca de la silueta del conjunto la poderosa torre campanario, levantada encima de la capilla del lado de la epístola, y comunicada con la cámara octogonal. De planta cuadrada, está estructurada en tres pisos, el inferior de mucha mayor altura, y decorados en sus frentes con unas bellísimas ventanas geminadas con mainel cilíndrico y capiteles vegetales, algunos de ellos muy deteriorados por la erosión. Un cuarto cuerpo de planta octogonal y con tejado de losas a 8 vertientes, remata la torre campanario.

La portada principal abre en el muro de los pies, resaltada en un cuerpo rematado por tejaroz, apeado en modillones figurados. La puerta resuelve con dos gruesos toros, entre los que se sitúa una moldura de nacela decorada con bolas excepto en el centro donde aparece un rostro humano. Finalmente, el arco más externo, de sección rectangular, está decorado con una moldura de ajedrezado jaqués. Estas cuatro arquivoltas abocinadas descansan alternativamente sobre columnas y pilastras. Sólo las columnas presentan capiteles decorados, con hojas y bolas los del lado sur, y con motivos figurados en el norte, distinguiéndose varias manos en su factura.

Cerrando la portada, sobre el dintel, un hermoso tímpano en el que, flanqueado por sendos leones se representa un crismón trinitario. Para la mayoría de los autores que han estudiado el crismón de Santa Cruz se trataría de una tosca reinterpretación del existente en la catedral de Jaca, aunque para otros como Juan Antonio Olañeta y Francisco Matarredona, el crismón del monasterio de las Sorores sería anterior al jaqués, pudiendo datarse hacia 1090. Bajo el león de la derecha, una flor de doce pétalos. Tanto en la periferia del crismón como en el borde inferior del tímpano, hay inscritas sendas leyendas en latín, que rezan: Yo soy la puerta de entrada: pasad por mi fieles. Yo soy la fuente de la vida: tenéis más sed de mí que de vino, vosotros que penetráis en este bienaventurado templo de la Virgen. Bajo las patas de los dos leones puede leerse: Arrepiéntete para que puedas invocar a Cristo .
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